Mamá No Fuiste Mi Mejor Amiga y Te Lo Agradezco de Corazón

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Cuando se es más joven somos vulnerables a querer experimentar toda clase de cosas. Queremos teñirnos el cabello de mil colores, perforarnos nariz, orejas, ombligo, quizás tatuajes, tal vez ir a fiestas salvajes, tener ese teléfono de moda a los 10 años a pesar de no saber ni que hacer con él ni tener a nadie realmente para llamar. Si de tu mejor amiga dependiera, seguramente harías todo eso y mucho más, ella jamás te diría que NO, es más, seguramente te hubiese querido acompañar y hasta hubiese tenido más de una idea nueva para experimentar. Pero tarde o temprano esa clase de decisiones a tan corta edad pasan su factura un poco después y es por eso que hoy agradezco de todo corazón que mi mamá nunca haya sido mi mejor amiga, pues ella fue capaz de decirme no en el momento más indicado, me guió lejos de todo lo que no fue bueno para mí y de ella aprendí valiosas lecciones de vida. La verdad es que a estas alturas me habría arrepentido de muchas cosas de no haber sido por ella.

Cuando los roles se cruzan es difícil que cualquiera de los dos se haga bien. Y es que las madres no están hechas para ser nuestras mejores amigas porque no podrían cumplir con su verdadero trabajo que es guiarnos por los correctos caminos de la vida. Es por ella que soy la mujer que ves hoy día. Ella me enseñó a valerme por mi misma y a ser independiente, nunca se entrometió con mis problemas entre amigas o los problemas del colegio, todo lo que hizo fue aconsejarme, darme su afecto y ayudarme a afrontar mis problemas de la mejor manera posible. Con ella aprendí que la soledad no es igual a sentirse sola, que es ser capaz de estar bien sin necesitar a nadie, que de hecho es importante para mi el poder ser feliz sin que nadie tenga que ver al respecto, pues la única que me puede hacer feliz soy yo misma y la que decide que hacer o no hacer en la vida soy yo ahora que tengo la madurez suficiente para tomar mis propias decisiones.

Puede que para una madre sea difícil ser la bruja mala del cuento, la que dice que no, la que te prohíbe cosas, y la que en muchas ocasiones recibe injustamente nuestras quejas y alaridos acerca de un odio que realmente no sentimos. Pero no deben temer madres porque no estamos perdidas como adultas gracias a que supieron ponernos límites de jóvenes. Y aunque nos hayamos enojado en muchas ocasiones jamás podríamos odiarlas, comprendemos sinceramente lo complicado que debe ser para ustedes el criarnos y el saber cual es la manera correcta de hacerlo, y de adultas es más fácil darnos cuenta de que fue una mano dura lo que más necesitamos en ese momento. Sé que la gran mayoría sabe de lo que hablo y se sienten identificadas con lo que digo.

Para algunas quizás sean pocas palabras, o para otras muchas, pero lo que digo en esta nota es lo que siento desde mi corazón y es que quiero agradecerle a mi madre por no haber sido mi mejor amiga, porque amigas siempre han habido pero madre solo hay una y fue por tu gran sabiduría que hoy me siento feliz conmigo misma. Un gracias, mil gracias nunca serán suficientes mamá...

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